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lunes, 28 de junio de 2010

La leyenda del arco iris

Cuentan que hace mucho tiempo los colores empezaron a pelearse. Cada uno proclamaba que él era el más importante, el más útil, el favorito.

El verde dijo: “Sin duda, yo soy el más importante. Soy el signo de la vida y la esperanza. Me han escogido para la hierba, los árboles, las hojas. Sin mí todos los animales morirían. Mirad alrededor y veréis que estoy en la mayoría de las cosas”.

El azul interrumpió: “Tú sólo piensas en la tierra, pero considera el cielo y el mar. El agua es la base de la Vida y son las nubes las que la absorben del mar azul. El cielo da espacio, y paz y serenidad. Sin mi paz no seríais más que aficionados.

El amarillo soltó una risita: “¡Vosotros sois tan serios! Yo traigo al mundo risas, alegría y calor. El sol es amarillo, la luna es amarilla, las estrellas son amarillas. Cada vez que miráis a un girasol, el mundo entero comienza a sonreír. Sin mí no habría alegría”.

A continuación tornó la palabra el naranja: “Yo soy el color de la salud y de la fuerza. Puedo ser poco frecuente pero soy precioso para las necesidades internas de la vida humana. Yo transporto las vitaminas más importantes. Pensad en las zanahorias, las calabazas, las naranjas, los mangos y papayas. No estoy, todo el tiempo dando vueltas, pero cuando coloreo el cielo en el amanecer o en el crepúsculo mi belleza es tan impresionante que nadie piensa en vosotros”.

El rojo no podía contenerse por más tiempo y saltó: “yo soy el color del valor y del peligro. Estoy dispuesto a luchar por una causa. Traigo fuego a la sangre. Sin mí la tierra estaría vacía como la luna. Soy el color de la pasión y del amor; de la rosa roja, la flor de pascua y la amapola”.

El púrpura enrojeció con toda su fuerza. Era muy alto y habló con gran pompa: “Soy el color de la realiza y del poder. Reyes, jefes de Estado, obispos, me han escogido siempre, porque el signo de la autoridad y de la sabiduría. La gente no me cuestiona; me escucha y me obedece”.

El añil habló mucho más tranquilamente que los otros, pero con igual determinación: “Pensad en mí. Soy el color del silencio. Raramente repararéis en mí, pero sin mí todos seríais superficiales. Represento el pensamiento y la reflexión, el crepúsculo y las aguas profundas. Me necesitáis para el equilibrio y el contraste, la oración y la paz interior.

Así fue cómo los colores estuvieron presumiendo, cada uno convencido de que él era el mejor. Su querella se hizo más y más ruidosa. De repente, apareció un resplandor de luz blanca y brillante. Había relámpagos que retumbaban con estrépito. La lluvia empezó a caer a cántaros, implacablemente. Los colores comenzaron a acurrucarse con miedo, acercándose unos a otros buscando protección.

La lluvia habló: “Estáis locos, colores, luchando contra vosotros mismos, intentando cada uno dominar al resto. ¿No sabéis que Dios os ha hecho a todos? Cada uno para un objetivo especial, único, diferente. Él os amó a todos. Juntad vuestras manos y venid conmigo”.

Dios quiere extenderos a través del mundo en un gran arco de color, como recuerdo de que os ama a todos, de que podéis vivir juntos en paz, como promesa de que está con vosotros, como señal de esperanza para el mañana”. Y así fue como Dios usó la lluvia para lavar el mundo. Y puso el arco iris en el cielo para que, cuando lo veáis, os acordéis de que tenéis que teneros en cuenta unos a otros.





Me encanta esta historia...

Somos únicos pero a la vez necesarios


¡Nunca lo olvideis!

María

La Rutina

Hubo una vez en la historia del mundo un día terrible en el que el Odio, que es el rey de los malos sentimientos, los defectos y las malas virtudes, convocó una reunión urgente con todos ellos.

Todos los sentimientos negros del mundo y los deseos más perversos del corazón humano llegaron a esta reunión con curiosidad de saber cuál era el propósito.

Cuando estuvieron todos habló el Odio:
- "...Les he reunido aquí porque deseo con todas mis fuerzas matar a alguien".


Los asistentes no se extrañaron mucho pues era el Odio el que estaba hablando y él siempre quiere matar a alguien; sin embargo, todos se preguntaban quién sería tan difícil de matar para que el odio les necesitara a ellos.
- "Quiero que maten... al Amor", dijo.

Muchos sonrieron malévolamente pues más que uno le tenía ganas.
El primer voluntario fue el Mal Carácter, quién dijo:
- "Yo iré, y les aseguro que en un año el Amor habrá muerto, provocaré tal discordia y rabia que no lo soportará".


Al cabo de un año se reunieron otra vez y al escuchar la explicación del Mal Carácter quedaron decepcionados:
- "Lo siento -dijo el Mal Carácter-, lo intenté todo pero cada vez que yo sembraba una discordia, el Amor la superaba y salía adelante".


Fue entonces cuando muy diligente se ofreció la Ambición que haciendo alarde de su poder, dijo:
- "En vista de que el Mal Carácter fracaso, iré yo. Desviaré la atención del Amor hacia el deseo por la riqueza y por el poder. Eso nunca lo ignorará".

Y empezó la Ambición el ataque hacia su víctima quién, efectivamente, cayó herida pero después de luchar por salir adelante renunció a todo deseo desbordado de poder, y triunfó de nuevo.


Furioso, el Odio, por el fracaso de la Ambición envío a los Celos, quienes burlones y perversos inventaban toda clase de artimañas y situaciones para despistar al amor y lastimarlo con dudas y sospechas infundadas.
Pero el Amor, confundido, lloró, y pensó, que no quería morir, y con valentía y fortaleza se impuso sobre los Celos y los venció.


Año tras año, el Odio siguió en su lucha enviando a sus más hirientes compañeros.
Envió a la Frialdad, al Egoísmo, a la Indiferencia, a la Pobreza, a la Enfermedad y a muchos otros que fracasaron siempre, porque cuando el Amor se sentía desfallecer tomaba de nuevo fuerza y todo lo superaba.


El Odio, convencido de que el Amor era invencible, les dijo a los demás:
- "No hay nada que hacer. El Amor ha soportado todo, llevamos muchos años insistiendo y no logramos matarle".


De pronto, de un rincón del salón se levantó un sentimiento poco conocido que vestía de negro con un sombrero gigante que caía sobre su rostro y no lo dejaba ver. Su aspecto era fúnebre como el de la Muerte. Aquel sentimiento se decidió a hablar, y su voz sonó grave y profunda:
- "Yo mataré al Amor", dijo con seguridad.

Todos se preguntaron quién era ese que pretendía hacer solo lo que ninguno había podido. El Odio dijo:
- "Ve y hazlo".


Tan sólo había pasado algún tiempo cuando el Odio volvió a llamar a todos los malos sentimientos para comunicarles, después de mucho esperar, que por fin EL AMOR HABÍA MUERTO.

Todos estaban felices, pero sorprendidos. Entonces el sentimiento del sombrero negro habló:
- "Ahí les entrego al Amor totalmente muerto y destrozado".
Y sin decir más, se marchó.

- "Espera -dijo el Odio-, en tan poco tiempo lo eliminaste por completo, lo desesperaste y no hizo el menor esfuerzo para vivir. ¿Quién eres?"

Aquel sentimiento levantó por primera vez su horrible rostro y dijo:
- "SOY LA RUTINA".



Me pareció graciosa esta leyenda. Aunque no comparto la moraleja, no creo que la rutina pueda con el amor, si ese amor es de verdad.

Os deseo que la rutina nunca sea vuestro enemiga.

María

Las flores: "No me olvides"

Estaba buceando en internet cuándo encontré estas florecillas.
Me sacaron una sonrisa al ver que se llamaban "No me olvides" y enseguida me puse a investigar su origen o leyenda y salió esto:

El "no me olvides" o miosota, es una pequeña flor azul, con un poco de color rojo. Nació así: Cuando Dios creó el mundo, dio nombre y color a todas las flores, no obstante una pequeña florecilla le suplicaba: ¡No me olvides!, ¡No me olvides!, pero como su voz era tan fina, Dios no alcanzaba a oírla, una vez que el creador finalizó toda su obra, pudo percatarse de esa pequeña voz, más ya todos los nombres estaban dados, así que Dios le dijo: "No tengo nombre para ti, pero te llamaras "no me olvides". Y por colores te daré el azul del cielo y el rojo de la sangre". Además le dijo que serviría para acompañar a los muertos y para consolar a los vivos.


Pero luego, me extrañé al encontrar otra versión bastante distinta:


Estas flores son conocidas con ese nombre y se asocian con el amor veradadero y que nunca muere.
De a cuerdo a una antigua leyenda un caballro vestido en su armadura estaba cabalgando a la orilla de un río con su prometida. Ella vió un grupod de flores azules meciéndose en el aguas, y pidió a su amante que las recogiera. Al intentar llegar a elllas, el caballero se resvaló y cayó al rio. La pesada armadura impidío que pudiera nadar y comenzó a hundirse en el agua pero antes arrojó las flores azules a su amada diciendo "No me olvides".



Sea cual sea su leyenda, me pareció una flor hermosa, porque ¿Cuántas veces hemos deseado que no nos olviden?




Me gustaría regalaros a todos una de estas flores, con un mensaje tan bello.

María
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